Cuando hablamos de alimentación, no hablamos sólo de nutrición. Hablamos de recuerdos, de olores que nos transportan a la infancia, de recetas que nos conectan con la familia, de platos que forman parte de nuestra identidad. Varios estudios han demostrado la relación directa entre alimentación y emociones, y el propio Ministerio de Sanidad afirma que comer y sentir van estrechamente de la mano.
Por eso, cuando la gestión de la alimentación pasa a manos de otros -como puede ser en un centro residencial- es natural que aparezcan cambios y también comentarios como: «no es lo mismo que antes», «este caldo era mejor», «no tiene sal» o «no tiene gusto». Detrás de estas frases hay mucho más que una opinión gastronómica: existe un vínculo emocional profundo con la comida.
En la Fundación Sant Andreu Salut entendemos esta realidad y la integramos en nuestra forma de acompañar. Para nosotros cada persona es única, y nuestro papel no es sólo cuidar, sino facilitar una vida plena y con sentido. Trabajamos desde un modelo centrado en la persona que se fundamenta en cuatro grandes pilares: la promoción de la autonomía, el respeto a la dignidad, la capacidad de decisión y el acompañamiento personalizado.
Sabemos que la alimentación no es sólo una necesidad fisiológica: es placer, memoria, identidad y confort. Aunque muchas de las personas que atendemos ya no puedan cocinar y sigan un menú establecido, trabajamos para que sigan siendo protagonistas de lo que comen.
Con este objetivo, hemos impulsado distintas iniciativas que refuerzan la elección, el reconocimiento de los alimentos y la dignidad en el proceso de alimentarse.
Una de ellas es “Usted elige”, una práctica que llevamos a cabo en las residencias y centros de día. Una vez al mes, las personas atendidas pueden escoger el menú completo de la comida: primero, segundo, postre, copa y café. En asamblea proponen platos, los votan y lo más escogido es el que se prepara. En ocasiones especiales, invitamos también a las familias. Este gesto, aparentemente sencillo, refuerza el empoderamiento y la sensación de autosuficiencia.
También hemos incorporado los platos preformados para personas que necesitan dieta triturada. Los alimentos se presentan con la forma del corte original, lo que permite reconocerlos por su gusto, color y forma. Aunque se trata de un cambio sutil, el impacto es grande: dignifica a los triturados y mejora la experiencia en la mesa.
En la Residencia y Centro de Día de Castellgalí hemos implantado, además, el desayuno buffet para las personas con mayor autonomía. Pueden escoger qué quieren desayunar, servirse y llevarse la comida a la mesa sin esperar turno. Esta libertad incrementa la autonomía y refuerza la sensación de normalidad y satisfacción personal.
Los menús visuales son otra herramienta que facilita la comprensión y elección. Acompañamos los platos con imágenes que ayudan a identificar claramente qué se va a servir, haciendo el proceso más accesible y reduciendo dudas.
Además de fomentar la autonomía y el placer de comer, también revisamos periódicamente los hábitos y productos que ofrecemos para garantizar una alimentación saludable y adaptada a cada persona. Hemos incorporado aguas aromatizadas e infusiones como alternativas más ligeras en hidrataciones y meriendas -especialmente agradables en verano- y hemos sustituido el exceso de zumos y galletas por opciones más nutritivas como fruta fresca, yogures, frutos secos y cremas de frutos secos. La respuesta ha sido muy positiva, tanto por la variedad como por el sabor y la textura, contribuyendo a mantener una alimentación equilibrada.
En Sant Andreu Salut tenemos claro que preservar el placer de comer es preservar calidad de vida. Por eso seguimos trabajando para que las personas que atendemos mantengan la capacidad de escoger, reconocer y disfrutar de cada comida. Para que alimentarse siga siendo también una fuente de emociones positivas.



